Coge el teléfono a las tres de la mañana, resuelve lo que está en su guion, consulta el CRM, abre el caso y agenda la visita. Y cuando la conversación se le va de las manos, la pasa a una persona con el resumen ya escrito.
Atiende llamadas de recepción. Identifica al cliente, resuelve dudas de horario y agenda visitas. Si insisten en hablar con una persona, traspasa.
Con sus pestañas: Agente, Conocimiento, Procedimientos, Herramientas, Protecciones y Pruebas. Todo lo que define su comportamiento, en un sitio.
Escritas por ti, en tu idioma, con un botón que te ayuda a redactarlas a partir de cuatro datos.
Castellano, catalán, gallego, euskera, inglés, portugués, francés, alemán, italiano, neerlandés, polaco, rumano, ruso, ucraniano y más. El mismo agente atiende en varios.
Enfoque: no se sale de su trabajo por insistente que sea la pregunta. Anti-manipulación: detecta los intentos de secuestrar sus instrucciones. Y reglas propias escritas por ti en una frase.
Se dispara por petición explícita, por enfado detectado, por límite de intentos, por falta de confianza o porque la tarea exige a alguien. Nunca se cuelga la llamada: se pasa a la cola de personas con el resumen ya escrito.
Se puede hablar con el agente desde su propia ficha, antes de ponerlo delante de un cliente.
La IA está encendida sólo si lo está en la organización, en ese canal y en ese caso. Cada palanca la maneja alguien distinto y ninguna tapa a las demás. Apagar la IA de un caso no apaga la de la empresa, y responder tú a mano la aparta sin que haya que apagar nada.
El agente de IA que se vende por ahí es un producto suelto: habla, y cuando se le acaba el guion deja al cliente dando vueltas. Aquí el agente vive dentro de la operación —la misma bandeja, la misma cola, el mismo supervisor, el mismo informe— y el traspaso es una función de primera clase, no un mensaje de despedida.
Una conversación directa sobre tu volumen, tus canales y por dónde conviene empezar. Sin propuesta genérica.